Que no te engañen: qué son el TIN y el TAE de un préstamo y que incluyen

Existen términos financieros que en ocasiones se utilizan de forma imprecisa y/o engañosa cuando pedimos un préstamo: el TAE   (Tasa Anual Equivalente) y el TIN (Tasa de Interés Nominal).

La Tasa Anual Equivalente (TAE) es una referencia orientativa del coste o rendimiento efectivo anual de un producto financiero independientemente de su plazo. Su cálculo incluye la tasa de interés nominal, los gastos, comisiones, pagos e ingresos y permite comparar de una manera homogénea el rendimiento de productos financieros diferentes. Es importante destacar que incluye todos los gastos que el cliente debe abonar para acceder al crédito (comisiones de apertura, etc. ).

El TIN es el Tipo de Interés Nominal, que es el porcentaje que se agregará al capital cedido como remuneración durante un periodo determinado (no necesariamente un año). El TIN no tiene en cuenta otros gastos de la operación como pueden ser las comisiones o las vinculaciones que conlleva el producto.

El TAE es una herramienta muy útil para poder comparar distintos productos, ya que todas las entidades están obligadas a calcular la TAE de la misma forma. Cuando la TAE es variable significa que se adapta a una situación de TIN variable, con lo que no puede ser precisa, hemos de “suponer” un tipo de interés futuro, y esta previsión no significa ningún compromiso por parte de quien la calcula.

Gastos que no incluye el cálculo TAE

Es importante destacar que para comparar el coste real de un préstamo o hipoteca, hemos de incluir gastos que pueden no quedar reflejados en el TAE, como son aquellos gastos que no se abonan al banco, como los gastos de la notaría, de la gestoría o el registro. La TAE tampoco incluye aquellas comisiones bancarias cuyo pago no es seguro –aquí depende de las condiciones de cada banco–, como la comisión por disponer de cajeros o la comisión por impago.

Para armonizar en el mercado europeo los indicadores financieros de consumo y evitar desinformación del consumidor, la Unión Europea, publicó una directiva en 2002 que precisa:

El «coste total del crédito al consumidor» debe incluir todos los gastos, incluidos los intereses deudores y las indemnizaciones, comisiones, tasas y gastos de toda índole que el consumidor deba abonar por el crédito, ya deban abonarse al prestamista, al intermediario de crédito, a la autoridad competente que impone tasas a una forma particular de crédito o a cualquier tercero habilitado a reclamar su pago a raíz de la mediación o la suscripción de un contrato de crédito o de garantía. /…/