Consecuencias medioambientales del confinamiento por el coronavirus

Cargar el móvil varias veces al día para poder seguir haciendo videollamadas, trabajar desde casa con el portátil, ver la televisión toda la mañana, jugar a videojuegos durante horas, acabar las ocho temporadas de Juegos de Tronos en una semana o convertir el horno en una fábrica de bizcochos caseros son solo algunas de las escenas típicas de los hogares españoles en estas más de dos semanas de confinamiento. Este uso mayor de electricidad en casa se verá reflejado en las próximas facturas de la luz. De hecho, hay informes que aseguran que el coste por hogar puede ascender hasta en un 50%.

Sin embargo, la realidad es que la demanda de energía eléctrica en la península ha disminuido un 16% en solo 15 días, según los datos de la Red Eléctrica Española. Estas cifras se deben a que el aumento del consumo energético en los domicilios no equivale al parón en la producción industrial y servicios turísticos tras la declaración del estado de alarma.

Ante esta situación inédita en el mercado eléctrico, desde Kipin Energy, comercializadora que suministra energía 100% verde procedente de fuentes naturales, ha analizado las consecuencias medioambientales del confinamiento y el parón de la actividad empresarial:

El principal resultado es una notable mejoría en la calidad del aire en todo el planeta, algo que se puede ver especialmente en las regiones más pobladas y contaminadas. Prueba de ello es China, país de origen de la pandemia, en el que las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de las cuatro semanas posteriores a la celebración del Año Nuevo chino se han reducido en 200 millones de toneladas, según un análisis de Carbon Brief.

Pero no hace falta irse tan lejos para demostrar que la calidad del aire ha mejorado con el confinamiento. De hecho, la primera semana tras la declaración del estado de alarma el tráfico de vehículos descendió un 60% solo en Madrid y Barcelona, según Greenpeace. Lo que provocó que la emisión de dióxido de nitrógeno (NO2) bajara considerablemente en ambas ciudades, concretamente un 73% y un 83%, respectivamente, según los datos de la Agencia Espacial Europea y la Universitat Politècnica de València.

Cabe destacar el ejemplo del Paseo de la Castellana, una de las calles más concurridas de la capital española, cuyo medidor de contaminación en el aire ha notado un descenso en los picos horarios de NO2 de 90 a 24 microgramos por metro cúbico desde el 9 de marzo -último lunes antes de la declaración del estado de alarma- hasta el 23 del mismo mes.

La calidad del agua ha sido otros de los aspectos en los que se observa mejoría. Y es que por primera vez en 60 años se puede ver el fondo de los canales de Venecia, así como peces nadando en sus aguas, según comentan los propios residentes de la ciudad italiana. Esto se debe a que los ‘vaporettos’ de motor diésel, barcos utilizados como medio de transporte público, han cesado su actividad debido a las restricciones del turismo para frenar la pandemia. Una situación parecida puede verse en el puerto de Cagliari (Cerdeña), donde recientemente han aparecido delfines ante la falta de actividad de ferrys turísticos y barcos industriales.

Guillermo García–Baragaño, director general de Kipin Energy, destaca que “la cuarentena no solo sirve para detener la propagación del COVID-19, también parece estar dando un respiro a todo el planeta. Pero no debemos dejar que un virus se encargue de limpiar la contaminación en la Tierra”. En este sentido, la ONU ha advertido que se podría repetir el escenario tras la crisis financiera de 2008 en el que las emisiones de gases contaminantes crecieron fuertemente a medida que la actividad económica normal se recuperaba. “Ahora más que nunca es el momento de apostar por modelos energéticos verdes y respetuosos con el medio ambiente. Si no lo hacemos, el respiro que hemos dado al planeta durante estas semanas habrá sido en vano”, finaliza García-Baragaño.